La
fotografía ha sido una creación del siglo XIX que ha cambiado por completo las
prácticas culturales de gran parte de las personas; ha sabido sumergirse en el
arte, en el registro histórico, en el desarrollo y el emprendimiento de grupos
sociales y de individuos. Sin embargo, en el lenguaje, la fotografía no es la
cápsula de la realidad, sino un referente, como le llamaría Umberto Eco.
Todos los elementos que están dentro de las fotografías y que son
generalmente reconocidos por los contextos culturales son referentes que
conectan el mundo psíquico con el mundo físico. No es un pedazo de realidad
impreso en el carrete, ya sea digital o análogo, sino una construcción
metafórica que está en gran parte cerca de lo que es natural.
Se
habló con un profesional de la Comunicación Gráfica que labora en una
Universidad colombiana. Su campo de análisis ha sido la fotografía y de la que
ha podido desarrollar miradas sesudas para construir paradigmas acordes al
campo.
Su
tesis de grado fue el primer paso para la elaboración de un libro con el que
muchos estudiantes y gomosos de la fotografía pueden aprender sobre las
diferentes técnicas y diferentes miradas sobre el espacio para poder captar lo
que se quedó en el pasado.
Todo
empieza gracias a que en Colombia no hay Universidad que vea con ojos
profesionales a la fotografía, por lo que él se propone medir el currículum de
carreras que cuentan con algunos énfasis en este oficio, como las
comunicaciones, el diseño, la publicidad y otras afines, para analizar si se
puede hacer profesionales en fotografía a pesar de no tener un título formal de
esto.
El
recurso que él elige para exponer los resultados de su investigación fue la
realización de un libro.
Durante
la realización del libro, su idea no fue exponer un texto más que fuera
complejo de leer, sino un texto que fuera agradable por su manejo visual
respecto al espacio para quienes hicieran uso de él.
El
texto nunca buscó perder la linealidad, fundamental en el signo lingüístico de
Saussure para la comprensión de la conexión entre el significante y el
significado. El juego con la direccionalidad fue más de distribución en el
espacio y más de las propias fotografías que ahí se exponen; que en el caso de
Adriana de la Rosa, es una metáfora visual que nos refiere a un pensamiento
metafórico.
El
diseñador, experto en fotografía, nos dijo que su intención siempre fue ser
entendido, por lo que su mensaje es claro y alejado del mayor nivel de metáfora
visual; evitando el uso de convergencias entre elementos no componibles sobre
un mismo espacio, para dejar el conocimiento explícito.
Sin
embargo, Saussure diría que todo ese conocimiento, al ser indeterminado e
inexistente en el mundo físico y fisiológico, es una creación del habla y
habita la psiquis de todas las personas que nacimos con la capacidad del
lenguaje.
Es,
por lo tanto, necesario poder identificar la relación de las fotografías con el
lenguaje, porque ellas sí que hacen un adecuado uso de los datos naturales y
culturales de los que habló Eco, sino, harían parte de la naturaleza, de la
nada incomprensible e impensada.
Poder
identificar formas, elementos, texturas y razones dentro de una fotografía, así
como la capacidad de hacer una lectura diferente de ellas, guiada por un tendón
de unidades de la lengua, hace parte de esa coordinación de la coordinación de
acciones que predicó el ontólogo Echeverría y que es innata en los seres
humanos.
A
la fotografía hay que saber verla, y sería imposible sin el lenguaje.

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