Ya lo sé, leíste “Te amo” en la imagen. Pero no, ahí
no está escrito ningún “Te amo”, ahí dice: Te Am O… Él Te amo lo inventó
nuestro cerebro. ¿Por qué?
Porque nosotros no entendemos el lenguaje y sus
componentes como una unidad inquebrantable, sino como un sistema que nos
permite modificaciones e interpelaciones distintas al coordinar nuestras
coordinaciones. Es decir, buscamos que no solo se entienda, sino que
estéticamente sea atrayente y eso permita una mayor perdurabilidad de la
experiencia. Rafael Echeverría lo diría así: Hemos dicho que el lenguaje es la
coordinación recursiva del comportamiento. Decimos, ahora, que el lenguaje
humano es lenguaje recursivo. Esto significa que nosotros, los seres humanos,
podemos hacer girar el lenguaje sobre sí mismo. Podemos hablar sobre nuestra
habla, sobre nuestras distinciones lingüísticas, sobre nuestro lenguaje, sobre
la forma en la que coordinamos nuestra coordinación de acciones. Y podemos
hacerlo una y otra vez.”
Como comunicadores, este juego inconsciente con el
lenguaje permite que nos acerquemos más al lector, o espectador, y podamos generar
con él nuevos significados conjuntos para las cosas. Te amo, por ejemplo, con
las fichas química del Teluro, el Americio y el Oxígeno; que sigue siendo un Te
amo como el resto, solo que explicado porque nos gusta tanto.

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